En el Certamen Coral de Tolosa del 2006, copré el disco «Dawn is Breaking» del coro Kamer. En este disco, escuché por primera vez dos canciones del compositor letón Pēteris Vasks. Una de ellas, me gustó especialmente:Lïdzenum Ainavas (plainscapes).



Años más tarde, en la época que trabajaba en Mudanzas, la canción Lïdzenum Ainavas se convirtió durante algunos meses en lo que más escuchaba.

Durante la correspondencia con Roberto, sumergida en pleno proceso creativo, recuperé Lïdzenum Ainavas; empecé a investigar un poco más sobre Vasks. 

Vasks ha sintetizado diversas técnicas de composición del siglo 20 en su obra. Su estética está en línea de la «nueva simplicidad», neo-romanticismo y «nueva espiritualidad» que también han sido llevadas a cabo por algunos de los más grandes compositores modernos contemporáneos como: Arvo Pärt, Henryk Gorecki, Giya Kancheli y John Taverner. Y como nada es casual, ya conocía a Arvo Pärt, por sus composiciones corales, y a Gorecki gracias al trabajo «Lo que queda» del fotógrafo David Jimenez.


En el disco que me había comprado años atrás, Vasks dice: 

«The subjecte of nature is also of key importance in Plainscapes.» 

Plainscapes es un disco del Coro de la Radio Letona, que recopila piezas de Vasks insiradas en los paisajes letones.

«I am fortunare that I live in Latvia, where I can enjoy the turn of the beautiful seasons. There are other exotic and temping lands where there is always summer, but we can rejoice at the changing rhythms of the year. In the autumn I look out my window and see yellow leaves. I wait for the first snow, and then for the birds to return. I cannot imagine my life in a closed room. That is why I composed Plainscapes – you can see a great distance on the plains. You can look up and see the clouds or, better yet, the stars. I have noticed that people don’t really care to look at the stars, perhaps they don´t  have time to do so. But everyone should. First and foremost this applies to our politicians, who apparently have never heard of such a thing as ideals. Pherhaps they have thoroughly forgotten ideals. I am so fortunate to stand on my native land and watch the stars. Something of this is Plainscapes. And there´s another thing – music can sometimes heal and calm the individual, and here we have the feeling of peace and quiet which so very much goes missing in our lives. We´re always in a big rush. I want people to stop, to slow down. Silence is so beautiful.»

Estas palabras me conectaron con la persona que había detrás de esa composición. Una persona con una sensibilidad excepcional hacia su entorno. Alguien que invita a la contemplación de las estrellas a los politicos… definitivamente es alguien muy sabio. Y de alguna manera entendí que detrás de esa belleza tan expresiva en sus obras, hay una búsqueda que va más allá de esa belleza.

«My music, contains a great deal of idealism. I want to tell people about beautiful ideals, high goals, show them that there is not only the drab everyday, that there is more than mere pessimism… Every honest composer searches for a way out of the crises of his time… shows how humanity can overcome the passion for self-annihilation that flares up. Perhaps my music contains sadness, but it also contains a great deal of optimism and idealism. Beauty and harmony are rare in life, but in music they are possible. I go through pessimism finally to confirm at the end that I say ‘Yes’ until my last breath to the beauty of the world.”

















Tal vez su música no sea apta para quién no este acostumbrado a la música clásica contemporánea. Vasks ha sintetizado diversas técnicas de composicion del siglo 20 en su obra. Su estética está en línea de la «nueva simplicidad», neo-romanticismo y «nueva espiritualidad» que también han sido llevadas a cabo por algunos de los más grandes compositores modernos contemporaneos como: Arvo Pärt, Henryk Gorecki, Giya Kancheli y John Taverner. Y como nada es casual, ya conocía a Arvo Pärt, por sus composiciones corales, y a Gorecki gracias al trabajo «Lo que queda» del fotógrafo David Jimenez.


Escuchar la música de Vasks me ha requerido tiempo. La complejidad y la cantidad de matices de sus piezas me ha llevado a escucharla reiteradamente. Musicalmente el dramatismo de sus composiciones y su idealismo son la clave de que conecte con su obra.

Su música me muestra un espacio infinito  y me transporta; encuentro un lugar donde conecto conmigo misma. 


Aun me falta mucho por descubrir; estas son algunas de las delicias que he ido descubriendo: 

Plainscapes 
String Symphony
String Quartet nº1, nº2 y nº3.

























Y una vez más, sin pretenderlo, la música de Vasks es el eslavon de mi proceso de creación. El viaje a Letonia que está apunto de empezar, será para perderme por los paisajes del país y sumergirme un poco más en El Bosque Dormido.